Tres Mosqueteros, Los by Alexandre Dumas

By Alexandre Dumas

Historias Selecci??n fue una colecci??n m?­tica. Muchos aprendimos a leer con ella: nos acerc?? a los grandes cl??sicos de l. a. literatura common en adaptaciones adornadas con numerosas p??ginas de c??mic. Ahora, ZETA BOLSILLO recupera sus t?­tulos m??s emblem??ticos, en un formato ??nico y no repetido: aventuras apasionantes, peripecias fant??sticas, personajes m?­ticos de todos los tiempos, vivencias rom??nticas. De Julio Verne a los angeles emperatriz Siss?­. Redesc??brelos. / the 3 Musketeers tells the tale of the early adventures of the younger Gascon gentleman, D'Artagnan and his 3 neighbors from the regiment of the King's Musketeers - Athos, Porthos and Aramis. less than the watchful eye in their client M. de Treville, the 4 safeguard the respect of the regiment opposed to the guards of Cardinal Richelieu, and the dignity of the queen opposed to the machinations of the Cardinal himself because the strength struggles of seventeenth century France.

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Llegado a la escalinata, fue peor aún; en los primeros escalones había cuatro mosqueteros que se divertían en el ejercicio siguiente, mientras diez o doce camaradas suyos esperaban en el rellano a que les tocara la vez para ocupar plaza en la partida. Uno de ellos, situado en el escalón superior, con la espada desnuda en la mano, impedía o al menos se esforzaba por impedir que los otros tres subieran. Estos tres esgrimían contra él sus espadas agilísimas. D'Artagnan tomó al principio aquellos aceros por floretes de esgrima, los creyó botonados; pero pronto advirtió por ciertos rasguños que todas las armas estaban, por el contrario, afiladas y aguzadas a placer, y con cada uno de aquellos rasguños no sólo los espectadores sino incluso los actores reían como locos.

Dicen que el señor de Buckingham está en Francia -prosiguió Aramis con una risa burlona que daba a aquella frase, tan simple en apariencia, una significación bastante escandalosa. -Aramis, amigo mío, por esta vez os equivocáis -interrumpió Porthos-, y vuestra manía de ser ingenioso os lleva siempre más allá de los límites; si el señor de Tréville os oyese, os arrepentiríais de hablar así. -¿Vais a soltarme la lección, Porthos? -exclamó Aramis, con ojos dulces en los que se vio pasar como un relámpago.

En cuanto a vos, querido, tenéis un tahalí demasiado magnífico para estar fuerte en la materia. Seré abad si me conviene; mientras tanto, soy mosquetero: y en calidad de tal digo lo que me place, y en este momento me place deciros que me irritáis. -¡Aramis! -¡Porthos! -¡Eh, señores, señores! -gritaron a su alrededor. -El señor de Tréville espera al señor D'Artagnan -interrumpió el lacayo abriendo la puerta del gabinete. Ante este anuncio, durante el cual la puerta permanecía abierta, todos se callaron, y en medio del silencio general el joven gascón cruzó la antecámara en una parte de su longitud y entró donde el capitán de los mosqueteros, felicitándose con toda su alma por escapar tan a punto al fin de aquella extravagante querella.

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